Es normal que, al escribir un trabajo académico, utilices ideas de otros autores para componer tu texto. En la universidad, se espera que los estudiantes sepan articular sus ideas y reflexiones a partir de otros autores de la materia. Es decir, no está mal utilizar las ideas de otras personas. Pero sí está mal plagiar. El plagio se considera un delito, ya que es una violación de los derechos de autor. Pero, ¿cuál es el límite? ¿Dónde empieza uno y termina el otro?

El plagio se produce cuando alguien reescribe frases, citas o conceptos de otros autores, ya sea de libros o de Internet, sin dar el debido crédito. Es muy importante que el uso de cualquier referencia se haga explícito en el propio trabajo.

Por desgracia, el plagio es una práctica habitual en el mundo académico. Pero, muchas veces, no entendemos qué se considera plagio, en la práctica.

Cómo evitar el plagio académico

La mejor manera de evitar el plagio es mencionar el autor del que proceden las ideas utilizadas en cuanto se utiliza una idea o utilizar una herramienta de paráfrasis gratuita. Por lo general, en todas las citas que se hagan debe figurar la siguiente información sobre el concepto original: nombre del autor (comúnmente identificado por el apellido), año de publicación de la edición utilizada y el número de página donde se encuentra la idea utilizada. A continuación puedes ver dos posibles tipos de citas.

Cita directa

Cuando quieras transcribir fielmente un pasaje, es decir, “copiar y pegar” una cita, debes utilizar la cita directa. Hay dos formas muy sencillas, pero ambas deben indicarse con comillas y con la información mencionada anteriormente sobre la obra.

Cita indirecta

Si decides parafrasear al autor en lugar de utilizar exactamente las mismas palabras que él empleó, debes utilizar la cita indirecta. De este modo, puedes utilizar tus propias palabras para explicar lo dicho por el autor. En esta situación, mencionar la página del libro es opcional.

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